El sol cubre todo su cuerpo y, aún así, no nota los
48º que hacen a las 12 del medio día en mitad del desierto de Nevada. Tiene frío.
Su boca sabe a metal y ya apenas le molestan las piedras de diferente tamaño que,
desordenadas, se le clavan por diferentes lugares de su espalda. En su barriga
dos agujeros de bala, cada uno de armas diferentes, provocan una salida de
sangre lenta pero constante que, al sol, se va secando y apelmazando. Pero
Jackie “Deluxe” es optimista y confía siempre en su valía, tal vez sea eso lo
que le ha conducido hasta esta situación. Y es que el destino de Jackie ha
estado siempre tatuado en su cuerpo pero debe tenerlo en la nuca porque lo ven
todos menos él.
Jackie comenzó su andadura a una edad muy temprana.
Ya en el colegio robó y vendió artículos robados por él o por otros. En el
instituto se dedicó al tráfico de marihuana y fue entonces cuando se ganó el
apodo “Deluxe” pues todo lo que tenia era “deluxe” que era como él lo llamaba y,
además, le gustaba alardear de ello. Cuando todos se aguardaban la pasta de la
semana para poder comprarse el último disco de Led Zeppelin él tenia invertido
en caprichos lo que una familia media invertiría en la educación universitaria
de, al menos, dos de sus hijos.
Dejó sus estudios y decidió especializarse en el
negocio de la cocaína. Pero siempre, pese a tener mil juguetes y caros, ha sido un pobre diablo. Siempre
creyó, y sigue convencido de ello, aunque ahora le duela la barriga y
tenga frío, que todo el mundo le respetaba, pero en realidad, si
Jackie ha seguido vivo hasta ahora es porque le hace ganar algo de dinero a
alguien más importante y al que sí respetan. Y eso nos lleva a la situación previa al
trágico desenlace del desierto.
Esta mañana, cuando se levanto levantó y abrió la ventana del Motel
barato donde, para esconderse, se
había alojado la noche anterior, vio un cielo azul intenso,
ni rastro de nubes y con un sol brillante. “Hace un día de puta madre”, pensó.
Y con la valentía que le proporcionó tal augurio salió de casa dispuesto a
vender diez kilos de coca que, previamente, le había robado a un tipo que hacía
de mula en la frontera de Tijuana. Ese pobre hombre al que mató para robarle
trabajaba para el Cartel de Tijuana y este, a su vez, tenía negocios conjuntos
con el tipo al que pretendía vendérsela, lo curioso es que Jackie lo sabía, es
más, ese era el motivo del robo, vengarse. Lo que no sabía es que esta misma
mañana, como él, dos sicarios del Cartel de Tijuana se han levantado y han
visto el mismo sol y el mismo cielo despejado tras su ventana.
Jackie, en el suelo, está cada vez más débil y ya
apenas oye el rugir del motor de la camioneta que se aleja a través del camino
de arena. Sabe que saldrá de ésta, o eso cree, por eso sonríe, otro no lo haría, pero Jackie “Deluxe” sonríe. En la
camioneta viajan el traficante al que intentaba vender la mercancía y los dos
sicarios que, por supuesto, llevan el maletín con la droga. Pero lo que Jackie
sabe y ellos no saben, es que el maletín esta forrado con C4 y que en cuestión
de segundos va a hacer “boom”. Así es él, si hace algo, lo hace “Deluxe”. Ese traficante, años atrás
le jugó una mala pasada, y lo dejó en la estacada, se libró de rebote y siempre se ha querido vengar.
Se oye un estruendo, Jackie “Deluxe” sonríe, satisfecho,
los sicarios le dan igual, daños
colaterales, se dice. Pero tiene cada vez más frío y eso que ahora deben hacer
al menos unos 49 grados.
joder, relato deluxe!
ResponderEliminarme ha gustado mucho, el rollo desierto. me he quedado con ganas de una escena de bar y algo de whisky. creo que es un relato que podría alargarse, detallando más la trama, incluso te daría para una novela corta. pero lo cierto es que resumirlo en unos cuantos parrafos tiene mucho más merito, como bien sabemos por nuestro amigo y profe, marc.
sigue asi.