viernes, 26 de julio de 2013

QUE OS DEN

Estoy jodido.
Verán, ahora mismo me encuentro en el garaje de una casa situada en algún lugar cerca de Las Rozas y atado de pies y manos a una silla. Me duele la cabeza y la espalda. A mi lado tengo al capullo de Julián Montero, concejal de urbanismo de Madrid, él no se queja ni dice nada, el motivo son los dos tiros que ha recibido, uno en el pecho y otro en la frente. El muy ignorante se pensaba que el plomo, en urbanismo, solo se utiliza para hacer los tabiques rectos.
Querrán saber como he llegado aquí y de quien es esta casa, en caso de que lo sepa, claro. Pues sobre como he llegado aquí no tengo ni idea, supongo que mi dolor de cabeza será alguna pista y, respecto al entrañable y hospitalario dueño de la casa, ahí si sé algo, la casa es de Matías Barrena. Se trata de un empresario vinculado a la construcción y a la corrupción, ambas por igual, con un currículum que haría las delicias de cualquier periódico sensacionalista. Y por lo que podéis intuir, todo un hijo de puta, con perdón de su madre. Pero aún me queda explicaros el por qué de mi, digamos, complicada situación.
Fui policía, me echaron del cuerpo por lo que llamaron entonces: “falta de ética”. ¿Sabéis lo que pienso yo de eso? Que por culpa de esa mierda tenemos las calles llenas de gentuza que después de joder a los demás se esconden tras sus derechos. Que le den a la ética. Pero esto no es de lo que hablamos. El caso es que me metí a detective privado. Me contrató un periódico para hacer unas investigaciones y eso es lo que me lleva hasta aquí al garaje de la casa de lujo de Barrena y con el fiambre de Montero haciéndome compañía.
Por lo que descubrí, y a modo de resumen, os diré que Montero y Barrena se dedicaron a hacer una serie de trapicheos que hizo ricos a ambos, más a Barrena que a Montero. Barrena posee al menos media docena de empresas fantasma, luego, tiene diferentes constructoras vinculadas a dichas empresas, de modo que se agenciaba todas las construcciones, compraba el suelo antes de que subiera de precio y cosas así y, siempre, desde diferentes empresas. Eso antes, cuando el ladrillo y el oro andaban parejos de valor. Pero todo se fue a la mierda. Y no por la crisis, que también, sino porque se empezaron a investigar los trapos sucios de Montero. Al parecer, Barrena se enteró de la investigación, se asustó y no quiso dejar cabos sueltos. Yo no sabía la magnitud del caso cuando le presioné a la salida de un restaurante. Al día siguiente, salí a la calle y me desperté aquí. Creo que no me han matado porque creen que guardo algún as. Pero no, no tengo ninguno. Aunque eso sí, aprovecharé la ventaja que eso me da.
Oigo el rugido de una moto potente que se acerca. Se abre la puerta del garaje y entra Barrena con una MV Augusta F4 dando “gasazos”. Al mismo tiempo, por otra puerta que debe dar al interior de la casa, entra un tal Mirko. Un energúmeno de mandíbula cuadrada, facciones toscas y con cicatrices en la cabeza, que no puede esconder su falta de clase por mucho que vista trajes de Hugo Boss. Es el orangután que le hace los trabajos sucios a cambio de ropa cara, alguna que otra banana y unos cuantos gramos de farlopa. Él mismo se ha cargado a mi compi de garaje. Lleva una pistola en la parte derecha, debajo de la americana, por lo que deduzco que es zurdo. En el bolsillo izquierdo, se intuye un bulto que parece ser un puño americano. Es de la vieja escuela. Como diría Stallone. Vienen hacia mí. Si les cabreo, tal vez, consiga hacerles creer que de verdad tengo algún tipo de “seguro” y así ganar tiempo. Barrena se quita el casco y se da cuenta de que me quedo mirando la moto.
-       Cuidado con la moto que la traigo calentita.
-       ¿Seguro que vosotros dos no os folláis el uno al otro? Porque hacéis una parejita genial.
Mirko mira a su jefe para ver si le da permiso para pegarme. Me mete un puñetazo en el estomago. Joder, duele, tiene fuerza el cabrón. Vuelve a hablar Barrena.
-       Quiero saber quién coño sabe todo esto.
-       O que.
-       O me cargaré a tu familia – me río - ¿novia?
-       Verás, la única novia que tuve fue tu madre, pero al enterarme de quien era su hijo la dejé, aunque la echo de menos, no veas como se movía la jodida.
Esta vez no pregunta. Mirko me mete un hostiazo que me deja tendido en el suelo.
Escucho el sonido de la puerta al cerrarse, vuelvo a estar solo. Me duele muchísimo la mandíbula. Del golpe la silla se ha roto pero sigo estando atado de manos. Tengo que salir de aquí cuanto antes. Me giro para ver si encuentro algo con lo que cortar la cuerda de nylon que me sujeta. ¡Joder!, un Maserati Grandsport, el cabrón tiene gusto. Me quedo mirando la moto. Calentita. Me arrastro hasta ella y pongo las manos sobre el tubo de escape, aun esta caliente. Consigo quemar la cuerda no sin antes quemarme varias veces en las manos y en los antebrazos. Me desato y vuelvo a donde estaba. Copio la postura en la que me habían dejado. Me pongo a cantar a pleno pulmón, me cuesta vocalizar, la mandíbula duele muchísimo.
-       ¡Tenia tanto que darte! ¡Tantas cosas que contarte! ¡Tenia tanto amor guardado para ti!
Entra Mirko. Solo me sé ese trozo de la canción así que sigo repitiéndolo.
-       ¿Qué coño haces? – Grita Mirko mientras sigo cantando.
Se agacha para acercarse a mí y aprovecho su descuido para lanzarme a su bolsillo izquierdo. El saca la pistola. Yo cojo el puño americano. Y antes de que consiga cargarla, le golpeo en la cara. Sigo cantando. Le vuelvo a golpear. Queda inconsciente. Cojo su pistola. No dejo de cantar. Le meto dos tiros, frente y pecho. Callo. Me quedo apuntando hacia la puerta. Se escuchan pasos rápidos acercándose.
-       Joder Mirko, te he dicho que no le…
-       Y no lo ha hecho.
-       ¿Cómo coño…?
-       Siéntate en esa silla – se la señalo
Se sienta y le ato de manos y piernas sin dejar de apuntarle.
-       Le has matado, no puedes llamar a la policía. El arma tiene tus huellas. Sabrán que…
-       Cállate anda. ¿quién ha dicho que vaya a llamar a la policía? Me echaron. – Busco un trapo o trozo de tela y limpio el tubo de escape de la moto y un par de gotas de sangre mía que había en el suelo - Por no tener un comportamiento ético. ¿Tu crees?
Compruebo que no he manchado nada más de sangre. Voy hacia el Maserati y pongo el trapo en la boca del depósito de gasolina.
-       ¿Qué demonios piensas hacer con eso?
-       Tranquilízate.
-       No iras a…
-       ¿Resulta paradójico verdad?, el dinero que has quemado te va a quemar a ti.
Me toco la mandíbula, duele, creo que la tengo rota.
Prendo fuego al trapo y me voy.

¡Que os den!

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